A propósito de Cine, colectividad y Cyber Cholita

No pocas veces uno se refiere al cine como ese inexplicable arte que solo es posible mediante lo colectivo.

No solo por la particular forma en que se produce, en donde se necesitan áreas especializadas en cada apartado del audiovisual, sino también por que sus formas de disfrute están íntimamente ligadas al ritual de congregarse frente a una pantalla. Cyber Cholita es un nuevo cine itinerante, que nace en la ciudad de Huancayo y que poco a poco va recorriendo distintos puntos, chiquititos o grandes, del Perú para llevar películas; ese conjunto de imágenes que tanto se parecen a los sueños aunque se miren cuando todos estén despiertos.

Josseline Urco es directora de fotografía graduada de la EICTV, miembro del colectivo "Candela cinefotógrafas" y en internet, también es conocida por su alter ego "Cineparadummies".

¿De donde proviene la idea de crear un cineclub itinerante en Huancayo?

Yo extraño mucho mi etapa en la escuela, donde todas las noches te reúnes a ver una película en la sala Glauber Rocha; tienes los debates, compartes con los amigos. Quería recuperar esa dinámica pero era solo yo, una persona. Al egresar te conviertes otra vez en una persona sola, ya no está la comunidad. Extrañaba mucho tener el cine al alcance, pero con gente que te acompañe, que genere debates o conversatorios, o simplemente
escucharnos. Entonces le pregunté a mi amiga Geraldine Zuasnabar si había cineclubs en Huancayo y me dijo que conocía dos.

Fui a uno, pero ponían un cine muy hollywoodense. Si ponen El Padrino, La Naranja Mecánica o Studio Ghibli, todo bien, pero es un cine que en un punto ya has visto. El otro cineclub traía una vez al mes una película random de algún director random. Y yo decía: no hay un cineclub que sea atractivo para mí. Geraldine estaba con la misma idea. Ella me dijo que tenía unos ahorros y que creo que le alcanzaba para comprar un proyector. En una semana ya había comprado un proyector con una pantalla inflable.

Ella dijo: “Tenemos que tener la pantalla inflable para no depender de un espacio físico, sino llevarla a donde sea”. Yo tenía la idea de ir a una institución, pedir un espacio, sentarnos y hacer un poco de cine. Pero también surgió la idea de compartir una comidita, una sopa o algo que nos una y podamos charlar.

Ahí empezamos a pensar a qué público queríamos llegar. Nos planteamos desde un inicio que no queríamos hacer muestras para cinéfilos "mamadores", críticos o expertos. Queríamos acercar el cine a un peruano de a pie, a alguien al que le dé curiosidad y se
motive también a compartir cultura. Así nace Ciber Cholita, que es el cineclub itinerante.

¿Por qué decidieron que fuera itinerante?

Porque no queríamos depender de un espacio físico. Las instituciones en Huancayo son muy cerradas a la cultura, muy cerradas. Y tampoco sabemos si nos van a apoyar permanentemente. Fuimos al Instituto de Cultura de Huancayo y nos cerró la puerta. Nos decía: “Manden cartas, manden cartas”, y nosotros mandábamos cartas, pero nunca llegaba ese momento en que dijera: “Vengan chicas, hagan cine, usen la sala”.

Entonces dijimos: esta es una lección. Compramos la pantalla inflable porque no vamos a depender de ningún espacio. Yo pensé que iba a ser un proyecto así, chiquito, humilde. Que íbamos a poner nuestra telita blanca y empezar. Pero ahorita toma estos impulsos. Geraldine me dijo que, después de la respuesta que nos había dado el Instituto de Cultura, teníamos que replantearlo. Que era una señal de que teníamos que llevarlo a cada parte del Valle del Mantaro, la primera idea fue llevarlo por ahí.

Sin embargo, también han proyectado fuera de Huancayo ¿Cómo fue esa primera experiencia?

Surgió que una amiga había hecho un documental sobre Francia Márquez, la colombiana, y necesitaba mostrarlo. Justo estábamos en época de elecciones y nos dijo: “Vámonos a Huancavelica y mostremos la película allá, a ver cómo reacciona el público”. Y luego en Huancayo. 
Entonces tomamos el impulso y nos fuimos a Huancavelica. Curiosamente no había nadie. Programamos a las cinco y eran cinco y media y no había nadie. Pero el peruano es bien así: tardón. A las cinco y cuarenta llegaron un grupo de chicas y se llenó. Eran unas veinte personas, casi todas mujeres.

Después le pregunté a mi amiga qué había pasado y me dijo que había hecho una invitación a un colectivo en especial. Había invitado a un colectivo de mujeres feministas en Huancavelica. Llegaron tarde, pero llegaron y trajeron amigas. Ahí también nos dimos cuenta de que hay que educar al público, hay que arrastrarlo, hay que jalarlo, porque así nomás no viene. Si no invitábamos a colectivos, íbamos a tener dos gatos.

Además estuvieron en Cusco

Allí fue como “pasa la voz” y se llenó. Estuvo el director porque coincidió con un laboratorio que se hizo de cine. El director mexicano de "Niñxs" estuvo ahí y se formó debate. La gente le preguntaba cosas y les interesaba mucho que el director estuviera respondiendo. Eso fue algo que no tuvimos en Huancayo: conversar desde un punto de vista más crítico, pero también tener al director respondiéndote tus inquietudes. Eso está increíble porque no
te quedas solo con ver la película, sino que conversas y te das cuenta de otros detalles que otros hubieran visto.

Entonces, no se trata solamente de abrir una convocatoria, sino también de construir vínculos con distintos colectivos Está abierto al público, pero no siempre se acercan por voluntad propia. No es que la gente diga: “Ah, de repente hay un cineclub, voy a ir”. Nosotras incluso invitamos canchita, gaseosa, dulces y como que se pegan un poquito. Lo decimos: “Si vienes, te invitamos canchita”. Así comenzamos en Huancayo. También
hablamos con una comunidad de psicólogas. Fueron las psicólogas, pero también gente de a pie: unas siete u ocho personas que vieron el post y se sumaron. Y hubo su público.

¿Sientes que hay una necesidad de formar público en Huancayo?

Hay dos partes. Una es formar público: hacer que Huancayo tenga acceso a otras propuestas cinematográficas. Porque, como te digo, hay cineclubs, pero son muy de cine Hollywood o inexistentes. Y Huancayo no es un lugar de cultura viva en ese sentido. Tú vas a encontrar fiestas patronales, música en vivo y danzas por doquier. Pero no vas a encontrar espacios de teatro, de cine ni galerías que muestren cultura.

Eso es casi un nicho muerto. No hay eco. Hay una que otra muestra de poetas y todo, pero son muy chiquititas, muy reducidas.
Entonces el cine también lo hemos propuesto así: ¿por qué cerrarlo a una exclusividad donde solamente vengan tres cineastas cuando podríamos aproximarlo mucho más familiar o mucho más fácil de ver para el pueblo? Por eso llevar la pantalla a las plazas.

¿Qué otras estrategias tienen para acercarse al público?

Una de las estrategias era ver que, como al peruano le gusta más allá de la canchita, podíamos pensar en una olla gigante. Como hace frío, invitar sopa y que ahí sí se genere el conversatorio. Ahora, como la programación está poniendo directores internacionales, todavía no hemos generado ese vínculo. Pero para las próximas fechas estoy mapeando peruanos que puedan estar, que puedan decir: “Me doy un viajecito por Huancayo y de paso presento mi película”.

También tenemos pensado hacer talleres de formación, pero muy accesibles. Tú has visto cuánto cuesta estudiar lejos y acá en Lima es caro también. Un tallercito no te baja de quinientos soles y la gente de provincia tiene que viajar y gastar mucha plata. Queremos hacer los talleres cuando un cineasta esté de pasadita por Huancayo: organizar un workshop con la comunidad y aproximarlos.

¿Cuáles han sido los principales prejuicios o dificultades que han encontrado?

Primero que nada, los prejuicios institucionales. Hemos tenido la espalda del Instituto de Cultura. Nosotros hemos tocado la puerta de buen modo: “Mira, tenemos este proyecto”. Y de repente la puerta está cerrada. Yo digo: ¿por qué esa institución se pudre? No pasa, no está pasando nada, no se está activando nada y al final es del pueblo. No es tuyo.

Y el segundo prejuicio es que piensan que vamos a hacer proselitismo terrorista. Esa no es nuestra intención. Nosotros podemos poner El Rey León también y todo bien. Pero nos tienen como estigmatizados a los cineastas, no sé por qué. Tú puedes hacer una película de la princesa Huari e igual te voy a decir terrorista. También tocamos puertas de colegios y te ponen trabas, cuando debería ser: “Vamos a traer películas para los niños”. Pero hay una puerta cerrada.

Ahora, hay pueblos muy bonitos con alcaldes comprometidos que sí te dicen: “Sí, lo que necesites. Usa la plaza o puedes usar nuestro centro cultural”. Nos convocamos, nos prestan  sillas. Hay pueblos que te ayudan. Pero los grandes, como Huancayo, se cierran. Hablabas de las dificultades para conseguir apoyo institucional.

¿Has sentido una diferencia entre las instituciones grandes y los espacios independientes o más pequeños?

Sí. Hay pueblos muy bonitos con alcaldes comprometidos que te dicen: “Sí, lo que necesites. Usa la plaza o puedes usar nuestro centrito cultural chiquitito, humilde”. Te convocan, te prestan sillas. Hay pueblos que te ayudan. En Cusco, por ejemplo, también fue gracias a una amiga que tenía su casita cultural y dijo: “Venga acá, las puertas están abiertas”. Creo que la gente independiente está más presta a ayudarte que una institución donde simplemente tienen que postear en su Facebook: “Hoy proyectamos tal película”. Sería un alcance distinto, pero no lo quieren hacer.

Pasando a la programación, ¿Qué películas han proyectado y cuáles han tenido mayor recepción?

Hemos tenido tres películas, cuatro porque el viernes pasado hubo una función en la que se llevó el cineclub a la gente que sufrió el terremoto. Yo no pude estar. De las curadurías que he hecho, Geraldine siempre me consulta qué vamos a programar. Porque también hay un tema de permisos.
La primera película fue de Colombia, la segunda fue mexicana y la tercera también fue mexicana. Son amigos, directores que son cercanos a ella. La mayoría son gente racializada, disidente, que no tiene espacios tan abiertos y que tampoco tiene acceso a las nuevas producciones. Es otro tipo de cine el que estamos aproximando. De alguna forma es militante, pero muy acercado al público.

¿Han tenido alguna experiencia en la que una película haya generado un debate inesperado?

Sí. Con una película sobre niñez trans teníamos miedo de que fuera algún homofóbico o transfóbico y nos insultara. Y fueron personas heterosexuales, vieron la película y tuvieron mucha curiosidad. No fue tanto un debate, sino más curiosidades que le preguntaban al director. Era un coming of age de una niña trans, desde chiquitita hasta los dieciocho años, creo. Generó muchas preguntas. Fue muy bonito todo lo que se formó en ese debate.

También has mencionado que quieres que los directores o integrantes de los equipos estén presentes en las proyecciones. ¿Por qué es importante para ustedes?

Porque así podemos aproximarnos. Si es una película peruana, por ejemplo, podemos pedirle a alguien del equipo que esté en la presentación. Si no puede venir a Huancayo, aunque sea virtualmente. Puede ser el director, pero también alguien del equipo: el sonidista, el fotógrafo, la productora. Si no son los mismos personajes, igual. Ahora pude pedir Uyariy, le dije a Corcuera si podía estar en la presentación. Me dijo que sí. Y también me dijo que todo lo pone gratis, pero pide el compromiso de que se pase Yape para las víctimas. Eso también está bien, porque genera conciencia en la gente:
este documental está apoyando a las víctimas. Hay una cosa económica, así sean cinco soles, dos soles. La gente puede aportar.

¿Cuáles son los planes a futuro para Ciber Cholita?

Tenemos planteado nuestro futuro muy metido en la cabeza: hacer el Festival Ciber Cholita, con invitados especiales. No sé, traer a Teddy Williams. Porque todo se concentra en Lima, Arequipa o Cusco, que son las ciudades fuertes del cine con sus festivales chéveres. Nosotras queremos otra aproximación: cine experimental, mutante. Tener masterclasses grandes con profesores, dar materiales, hacer ciclos de cine, conversatorios, charlas. Que sea muy chiquitito, pero muy concentrado. Y también hacer sentir a gusto a los cineastas invitados. No queremos que sea tan
protocolar, que no se rige por normas muy boomers. Queremos abrirlo más, atraer a la juventud. Diversificar la propuesta de Huancayo. Que se conozca Huancayo, Huancayo es genial. Nuestra meta es hacer ese festival.

¿Y qué otros lugares quieren alcanzar con Ciber Cholita?

Tenemos una meta en Lima Norte y Lima Central. Ya he conversado con la gente de Haciendo Pueblo. Por qué en Barranco, Lima o Miraflores ya hay espacios que te brindan 
esto. Lima Norte también tiene una lucha de compañeros por hacerse conocer. A nosotras no nos acercan cosas, pero tampoco nosotros tenemos que ir hasta Barranco o Miraflores para ver cultura. Y ellos la están formando de una forma chévere. La gente de Haciendo Pueblo nos dijo: “Vengan para acá. Quédense un poco más con nosotros”.

¿Por qué Ciber Cholita? 

Nosotras al principio tenemos este pacto de ser cholas, que es lo que somos: huancas. Estábamos muy hipnotizadas con todo esto de cómo Huancayo está creciendo, porque es muy distinto el Huancayo de Cusco o de Puno. Creo que con Puno se comparte un poquito esta identidad de que estamos creciendo hacia arriba, pero en un extraño futurismo. Nosotros no somos místicos. Miramos la naturaleza, nos importa, pero estamos en un universo de mototaxis, de casas con ventanas azules, de la chicha. La gente está llena de joyas y dientes de oro.

Entonces es una estética muy cyborg, muy mutante, que siempre se va hacia el futuro. El huancaíno es bien pretencioso, quiere siempre la novedad, y eso hace que sea futurista, por así decirlo.


Entonces nace la Ciber Cholita: la cholita que se vuelve como androide. No sé. Ese era nuestro concepto. Cholita moderna, algo así.

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Juan Torrico Ojalá mañana amanezca.
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